Integrity Corporación Financiera, el merchant bank que llega a confeccionar trajes a la medida para la empresa mediana en Colombia

El sistema financiero colombiano vive en constante actividad. Cada año, “piden pista” al regulador, nuevas fintech, compañías de financiamiento, plataformas de crédito digital y entidades especializadas que amplían la oferta para empresas y consumidores. Sin embargo, la llegada de un actor con licencia de corporación financiera, respaldado por un grupo tecnológico internacional y diseñado bajo la lógica de un merchant bank digital, parece ser una novedad: una plataforma de crédito empresarial digital, que se apoya en analítica, IA, automatización y modelos de decisión que buscan reducir fricciones y acelerar el acceso a liquidez para las empresas medianas, segmento que hasta ahora sigue subatendido.
Ese es el caso de Integrity Corporación Financiera, (quien acaba de obtener licencia de funcionamiento) para opera parte de la SFC, cuya entrada a traves de un modelo Specialty Finance, no solo suma un jugador más al mercado, sino que introduce una arquitectura distinta para entender y atender el crédito empresarial en el país, en momentos en que el tejido empresarial da señales de entrar en una fase de reinvención profunda.
Integrity llega con una buena arquitectura híbrida: con un 99% del control concentrado en dos vehículos con registro en Delaware —Int3grity Labs LLC e Integrity USA LLC— que funcionan como proveedores de tecnología, capital y propiedad intelectual, prometen aportar modelos, metodologías y prácticas que no nacen en el sistema financiero colombiano, sino en mercados donde el merchant banking digital lleva más tiempo evolucionando. Un equipo directivo con experiencia internacional y en el terreno de juego; a lo que se le suma la inteligencia ya desarrollada por Pronus —que tradujo ese ADN global al marco regulatorio local—. Por que aunque para algunos suene muy “petulante”, como lo repite Zea cada vez que puede permitirse decirlo, y con el “tonito" que quiera: “hemos acompañado la incorporación del 40 % de las entidades que se han regulado en los últimos 12 años en Colombia, tiempo que lleva Pronus en operación. Son cerca de 30 entidades que han recibido autorización de la Superintendencia Financiera de Colombia gracias a nuestro trabajo”.Si bien no tiene nada que ver con ser un “neobanco”, el componente digital del modelo que anuncia Integrity —sin sucursales físicas, con tecnología de originación y análisis soportados en Inteligencia Artificial y Machine Learning tanto en el front como en el middle office— sí marca una diferencia relevante frente a la oferta tradicional en lo que ha corporaciones financieras se refiere.
El resultado es un jugador que opera con la licencia de una corporación financiera, pero que piensa como un merchant bank digital.
Un mercado pequeño en número, pero enorme en valor económico
Según el último informe de inclusión financiera, para el año 2024, se contabilizaron más de 1,7 millones de empresas inscritas en el Registro Único Empresarial y Social (RUES) con estado activo ante las 57 cámaras de comercio del país. De acuerdo con la clasificación por tipo de empresas en el país, la mayoría, el 66,9 %, son personas naturales, y solo el 33,1 %, personas jurídicas. Por tamaño, el 91,7 % de las empresas corresponden a microempresas, seguidas de pequeñas (6,3 %), medianas (1,6 %) y grandes (0,4 %). Por edad empresarial, a diciembre de 2024, la mayor penetración en el tejido empresarial estaba conformada por empresas nacientes (entre 0 y 2 años de funcionamiento) con 28,0 %; seguidas por las consolidadas (26,7 %) con más de 10 años; las jóvenes entre 2 y 5 años de operación (22,9 %), y las maduras (22,4 %) entre 5 y 10 años. El 58,1 % del crédito empresarial se concentró en deuda de corto plazo.
Aterrizando, estas cifras indican que un mercado real de Integrity —empresas personas jurídicas, medianas con más de dos años de operación— asciende a aproximadamente 20.000 compañías, un mercado pequeño en número, pero enorme en valor económico. Es un mercado donde cada cliente representa millones en facturación, necesidades recurrentes de liquidez y una demanda creciente por soluciones de capital de trabajo más rápidas, más inteligentes y más alineadas con la operación real de las empresas
Según un estudio de Inmark, compañía líder en investigación de mercados y tendencias, las grandes empresas utilizan, en promedio, 15 productos o servicios financieros, y mantienen una relación promedio de 2,34 bancos por empresa.
El crédito empresarial en colombia todo un verdadero archipiélago
Si bien el mercado de crédito empresarial en Colombia suele entenderse como una sola “bolsa”, la realidad es muy distinta: no es homogéneo, sino un archipiélago de segmentos con lógicas de riesgo, rentabilidad, canales de atención y poder de negociación radicalmente diferentes.
Como lo ha explicado David Rey Borda su CEO: el foco está en complementar la oferta bancaria para empresas medianas —por encima de las pymes y por debajo de las grandes compañías—, acompañando sus ciclos transaccionales y de crédito sin llegar necesariamente hasta la cadena del consumo.
Conquistar esa capa media del ecosistema demandará mucho más que buenas intenciones y buena data: exigirá costo competitivo y velocidad. En el centro del mercado existe una franja que los bancos, por lo general, no atienden bien, y que las fintech enfocadas en pymes no alcanzan porque su ticket promedio es demasiado pequeño para sus modelos de originación masiva. Son las empresas del mercado medio: aquellas con facturación anual entre $3.000 y $30.000 millones, con historial crediticio parcial, estructuras financieras reales pero informales, cadenas de valor activas y necesidades de financiamiento que van mucho más allá del capital de trabajo de treinta días.
Para 2024, el indicador de acceso a crédito por parte de personas jurídicas se ubicó solo en el 26,7 %, 0,6 pp mayor respecto a 2023, y aún no alcanza los niveles observados antes de la pandemia, cuando se situaba en 30,1 %. Sin embargo, para las medianas, este indicador sube al 74,8 %. Las medianas sí acceden a crédito, pero no necesariamente al crédito que necesitan, y ahí es donde Integrity se la va a jugar. Procesos lentos, cupos insuficientes, garantías exigentes, modelos de riesgo que no capturan la dinámica real de sus ecosistemas y una banca tradicional que sigue evaluando empresas vivas con criterios diseñados para empresas estáticas.
El mercado al que llega Integrity no es sencillo. La banca tradicional domina el crédito empresarial con una fuerza que se ha consolidado durante décadas. Las corporaciones financieras atienden segmentos de mayor tamaño y sofisticación. Las fintech han capturado nichos de pymes con procesos ágiles, pero sin la capacidad de fondeo estable que otorga una licencia de establecimiento de crédito. En ese triángulo, Integrity se posiciona como un jugador intermedio: regulado, pero digital; empresarial, pero escalable; tecnológico, pero con balance propio.
Integrity llega para resolver un problema que la banca tradicional no ha logrado abordar con suficiente velocidad: la brecha de financiamiento para empresas que ya superaron la etapa de microemprendimiento, pero que aún no encajan en los modelos de riesgo de los grandes bancos. Empresas que facturan, que tienen cadenas de proveedores y clientes, que generan empleo, pero que enfrentan procesos lentos, exigencias de garantías reales y una estructura de crédito que todavía se mueve al ritmo del papel.
¿Quién es quién en el equipo que le da el “seniority”?
David Rey Borda — CEO y Co‑Founder: exvicepresidente ejecutivo y Managing Director de Corporate and Investment Banking en BBVA Colombia, con trayectoria previa en Banco Santander, Banco de Crédito y ABN Amro Bank N.V.
Junto a tres socios que juntos suman menos del 0,3 % —económicamente irrelevantes, pero fundamentales para aportar seniority, experiencia, trayectoria y confianza— completan el cuadro directivo: Mauricio Cárdenas Velásquez; Carlos Alberto Galindo Vergara — socio fundador y Head of Client Solutions: fue responsable de banca transaccional de BBVA Colombia durante once años y previamente se desempeñó como jefe de mercados de monedas en ABN Amro Bank N.V., con paso previo por Confinsura. Y Fabio Aguilar Castaño — articulador del modelo de Tesorería de Integrity, con experiencia en Sumitomo Mitsui Banking Corporation y en Airtm, plataforma de pagos para emprendedores. Se desempeñó durante diecisiete años como gerente de Rembrandt, compañía del Grupo ABN Amro / Banco Real, y fue gerente financiero de Jardines de Paz durante cinco años.
Una Alianza que le avanza camino
De manera previa, la copañía ya cuenta con camino reccorido, a través de una alianza estratégica con la coompañía Smart Evolution, una base de cerca de 250 clientes con desembolsos cercanos a los $450.000 millones de pesos en los últimos cinco años.
Smart Evolution se dedica principalmente a factoring con clientes considerados AAA y AA, con el 40% de su base de clientes en el sector agroindustrial.
FACTORING
Su apuesta por el factoring es especialmente relevante. En Colombia, este instrumento ha crecido, pero aún está lejos de su potencial. La factura electrónica abrió la puerta a modelos más eficientes, pero la adopción ha sido desigual. Integrity quiere ocupar ese espacio con una propuesta que combina análisis de comportamiento de pago, integración con anclas y una plataforma que permite anticipar liquidez sin los tiempos y costos de la banca tradicional. No es un factoring transaccional: es supply chain finance con visión de ecosistema.
Según Colombia Fintech, cerca del 24 % de las operaciones de factoring no logran financiarse debido a fricciones en la negociación de facturas. En particular, estas fricciones impidieron que se financiaran cerca de $878.000 millones en 2024. De no existir estos obstáculos, el mercado de factoring fintech podría haber crecido un 34 % durante 2024, y seguramente otro tanto —o más— en 2025.
Por su parte, el reto es escalar la cartera sin sacrificar la calidad, una ecuación que históricamente ha sido difícil de resolver para los nuevos jugadores en sus primeros 36 meses de operación. Tendrá mucho que ver con el verdadero entendimiento que desarrollen sobre la caja de las empresas en sus diferentes sectores como una de sus mayores destrezas.
El verdadero examen de Integrity: entender empresas vivas, no balances muertos
Para Integrity, ser digital en su infraestructura es un hecho cumplido. Ser verdaderamente relacional en su modelo de ventas y especializado en su segmentación —algo que con técnica, tácticas y estrategia seguramente irá logrando— es apenas el siguiente paso. Pero lo más importante será entender al empresario más allá de sus balances semestrales, que no son más que fotografías lejanas de su realidad. Ese será su verdadero reto. Comprender el comportamiento de todo su ecosistema añade, además, una capa especialmente relevante: la diferenciación por sector, que abre mundos completos al análisis de riesgo.
Y por si fuera poco, la factura electrónica, los flujos de pago, la relación con anclas, la dinámica de proveedores y distribuidores, la trazabilidad de operaciones y la calidad de los datos permiten entender el riesgo de manera más granular, más viva y más cercana a la realidad operativa de las empresas. Ese es el corazón del modelo: uno en el que los datos, la tecnología y la comprensión profunda de las cadenas productivas empiezan a pesar tanto como las garantías y los estados financieros.
— La desconexión entre datos y crédito. Las empresas medianas colombianas tienen ciclos transaccionales ricos en información —pagos a proveedores, recaudos de clientes, flujos de caja estacionales— que los bancos no capturan porque no tienen la relación transaccional con ese segmento. Integrity apuesta a que quien controla los datos de la transacción puede originar crédito con un costo de riesgo menor que el banco que solo ve el balance auditado.
Un merchant bank digital : Productos y servicios al mejor estilo “tailor‑made” para la mediana empresa
Y más allá de un nombre sofisticado para “descrestar”, ¿qué es realmente, en términos de arquitectura de negocio, un merchant bank digital?: una entidad que combina crédito especializado, estructuración financiera y relaciones de largo plazo con un segmento específico del mercado corporativo. No se trata de un banco que "usa tecnología", sino una tecnología que "usa una licencia bancaria" para monetizar datos en el Middle Market.
Si bien sus raíces se remontan a la banca europea del siglo XIX con las casas Baring, Rothschild, Lazard, el referente internacional más cercano es el modelo de los middle market banks estadounidenses —Silicon Valley Bank antes de su colapso, First Citizens, Cadence Bank— que construyeron sus franquicias sobre relaciones sectoriales profundas, no sobre volumen masivo.
Un modelo que combina tres funciones que las corporaciones financieras separan deliberadamente: crédito directo, banca de inversión y participación de capital en empresas. Un merchant bank hace lo que los bancos comerciales no pueden —o no quieren, o no les dan los costos, ni el margen o la capacidad de customización, — hacer en el segmento mediano: conoce el negocio del cliente lo suficiente como para estructurar el instrumento correcto para su necesidad. No ofrece un crédito estándar de capital de trabajo cuando la empresa necesita una titularización de cuentas por cobrar, ni un bono cuando lo que requiere es una línea de supply chain finance. Estamos hablando de portafolios de productos financieros con trajes a la medida.
El valor diferencial de este modelo de Merchant Banking radica en su agresividad sobre activos que la banca de primer piso suele subestimar. Mientras los gigantes del sector siguen anclados a la garantía real e hipotecaria, estos modelos se centran en el Asset-Based Lending. El arrendamiento puro y el factoraje se convierten en las herramientas para penetrar una capa de empresas medianas que, aunque poseen flujos de caja robustos, carecen del perfil patrimonial que exigen los manuales de crédito tradicionales.
Ciclo de Riesgo – Liderando las conversaciones difíciles del futuro del crédito, el riesgo y la cobranza en Latinoamérica.
El reto estratégico de Integrity: validar un modelo sostenible, escalable y rentable
Siendo sinceros, a primera vista —y con una lectura superficial de su página web—, la narrativa de Integrity parece la misma de siempre. Empresas con al menos dos años de constitución legal como requisito básico; cupos de crédito de hasta doce meses para capital de trabajo; anticipación de facturas para convertir cuentas por cobrar en liquidez inmediata; promesas de mejorar la salud financiera y acompañar el crecimiento; relaciones de largo plazo basadas en sostenibilidad. Todo correcto, todo familiar, todo dentro del libreto tradicional del crédito empresarial.
Incluso su enfoque sectorial —energía, transporte y telecomunicaciones, retail, alimentos y bebidas, agroindustria— sectores típicos que cualquier entidad financiera prioriza.
En realidad, nada que no hayamos oído muchas veces de los actores que hoy atienden el mercado. Lo único que podría sonar realmente novedoso es su insistencia en el fortalecimiento de la liquidez en las cadenas productivas; es decir, en soluciones que consideran la dinámica completa de un ecosistema y no solo la situación aislada de una empresa. Esto sí sonaría a una ruptura interesante.
Pero no nos adelantemos. Falta ver cómo se pone en escena el modelo, cómo opera en la práctica y si realmente estamos ante un nuevo actor que entiende el crédito desde otra lógica o si solo estamos ante un nombre atractivo y una narrativa bien presentada.
Su éxito dependerá de su capacidad para ejecutar lo que promete. La tecnología debe funcionar con precisión. El modelo de riesgo debe demostrar que puede leer ecosistemas mejor que los modelos tradicionales. El fondeo debe crecer al ritmo de la demanda. Y el gobierno corporativo debe estar a la altura de una entidad que aspira a convertirse en un referente del crédito empresarial digital en Colombia.
Si logra consolidar su propuesta, podría convertirse en uno de los actores más influyentes en la transformación del financiamiento empresarial en la próxima década. Si no, será una señal de que el mercado colombiano aún no está listo para modelos que desafían la frontera entre lo regulado y lo digital.
Las empresas que ganan no esperan el futuro: lo diseñan.
Construyamos juntos el suyo.
En la unidad de consultoría de Ciclo de Riesgo, acompañamos a las organizaciones que aspiran a más: modelos de negocio más sólidos, riesgos mejor gestionados y ciclos de crédito y cobranza que realmente crean valor.
Cada proyecto es un hito cumplido, una prueba de que cuando la estrategia se ejecuta con rigor, el crecimiento sostenible deja de ser una meta y se convierte en un resultado.
Nuestra unidad de consultoría es un laboratorio real donde se revelan los mecanismos que construyen y sostienen ventajas competitivas en crédito, riesgo y cobranzas, y se ponen a prueba los modelos que definen el futuro del crédito, la originación y la gestión de cartera en América Latina.
Nuestro trabajo consiste en transformar estos aprendizajes en estrategias accionables para empresas que buscan crecer con disciplina, mejorar su eficiencia operativa y consolidar ventajas competitivas difíciles de alcanzar.

