Fintech: mucho cacareo y pocos huevos: solo 2,7 % de los adultos con crédito formal provienen de fintech no vigiladas (RIF 2025)

Reporte de Inclusión Financiera 2025: avances en depósitos, crédito, cobertura y transacciones
20,3 millones de adultos accedieron al menos a un producto de crédito. El sistema financiero movilizó COP 12.029 billones en operaciones y los canales de contacto superaron los 2,2 millones de puntos en todo el país.
Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC) presentaron el Reporte de Inclusión Financiera (RIF) 2025, documento de referencia sobre el estado del acceso y el uso de los servicios
financieros en el país.
En 2025, unos 20,3 millones de adultos accedieron al menos a un producto de crédito o financiación con el sector formal, equivalentes al 51,6 % de la población adulta del país. De este total, 15,3 millones de adultos
obtuvieron financiamiento a través de entidades del sector formal financiero, mientras que 10,9 millones lo hicieron con entidades del sector formal no financiero como comercios y empresas de telecomunicaciones.
Al considerar únicamente las entidades financieras vigiladas por la SFC, la SES y las entidades microfinancieras no vigiladas, el porcentaje de adultos con al menos un crédito se ubicó en 36,1 %, un aumento de 1,0 punto
porcentual (p.p.) frente a 2024 y un nivel similar al registrado en 2019 (36,2 %), lo que evidenció una recuperación de la inclusión crediticia formal tras las caídas observadas entre 2023 y 2024.
● Producto más utilizado: la tarjeta de crédito, con una penetración de 23,9 %, seguida por el crédito de consumo (19 %), el microcrédito (5,6 %) y el crédito de vivienda (3,2 %)
● Brecha regional: Bogotá registró el mayor acceso al crédito formal (61,6 %), seguida por Risaralda (41,8 %), Antioquia (40 %) y Valle del Cauca (39,9 %), mientras que Vichada (8 %), Vaupés (10,3 %) y Chocó (11,1 %) presentaron los niveles más bajos.
● Brecha de género: los hombres registraron un indicador de acceso de 38,4 %, frente a 34,7 % en las mujeres, una diferencia de 3,7 p.p.
● Brecha por ruralidad: las ciudades y aglomeraciones alcanzaron una penetración de 45,7 %, frente a 12 % en las zonas rurales dispersas, una brecha de 33,7 p.p
las fintech no vigiladas apenas alcanzan al 1,4 % de todos los adultos del país, y solo representan el 2,7 % dentro de los 20,3 millones que sí lograron acceder a crédito formal en 2025.
LAS FINTECH: Asustados por el cuero antes de que llegara el tigre:
Gallina que cacarea mucho no siempre es la que pone el huevo
Durante los últimos cinco años, el ecosistema fintech colombiano ha convertido cada trimestre en una temporada de premios, foros, webinars y paneles donde la palabra "disrupción" se repite con la misma certeza con la que el sol sale por el oriente. El ecosistema Fintech organiza, patrocina, certifica y celebra. Las fintech de crédito se presentan, edición tras edición, como la respuesta definitiva a la exclusión financiera del país: más rápidas que el banco, más inteligentes que los burós, más humanas que la cooperativa, cero fricción. El discurso es impecable.
¿cuánta gente está, en la práctica, tomando un crédito con ellas?
548 mil, de 20,274 millones
La gráfica 1 del RIF 2025 —la que mide cuántos adultos tienen al menos un crédito formal, desagregado por tipo de entidad— tiene una fila que merece leerse dos veces. De los 20,274 millones de adultos con algún crédito formal en Colombia, las fintech no vigiladas por la Superintendencia Financiera concentran 548 mil adultos. Un 2,7 % o mejor 1,4%del total.
Léase de nuevo: 548 mil personas, en un ecosistema que —según el propio gremio que las agrupa— ya suma más de 560 empresas fintech operando en el país, de las cuales entre 97 y 115 pertenecen exclusivamente a la vertical de crédito digital, la más grande y más rentable de todas las verticales del sector según el más reciente Fintech Snapshot de Colombia Fintech. Colombia se presenta a sí misma, con razón, como el tercer ecosistema fintech más grande de América Latina, solo detrás de Brasil y México. Y con toda esa infraestructura, todo ese capital de riesgo, toda esa inteligencia , esa robustes tecnología, miles y miles de horas de inteligencia pura y dura de los más crack - de las "vacas que mas cagan" del mundo financiero de latam, - perdon por lo de "vacas" - ; miles de horas de diseño de los mejores talentos de producto para eliminar fricción, todos esos premios a la innovación crediticia, miles y miles de congresos, miles y miles de post en linkedin, el resultado medible en la vida real de los colombianos es medio millón de personas. Si esta cifra fuera un pitch de inversión, ningún fondo la aprobaría. Más bien parece el espacio del cóctel y del happy hour donde se cuentan los chistes sobre la tribu.
No se trata de negar que existan casos puntuales de fintech de crédito digital con desembolsos ágiles y experiencia de usuario superior a la de la banca tradicional —los hay, y merecen reconocerse cuando corresponda—. Se trata de que el discurso agregado del sector —"estamos transformando la inclusión financiera de Colombia"— no se sostiene todavía frente al dato que de verdad importa: cuántos colombianos, al final del día, tienen un crédito vigente con una fintech. La respuesta, por ahora, es: muy pocos. y en su mayoría lo hacen por desesperación, sometiendose a tarifas absurdas que esconden en los cobros extras como aval y gastos operativos y de tecnología.
El comercio: sin congreso, sin premio, sin post de LinkedIn, y con 8,2 millones de personas
Mientras tanto, en la misma gráfica, sin panel de discusión ni discurso de cierre, aparece una cifra que ningún gremio reclama como propia: 8,199 millones de adultos —el 21% de la población adulta del país— tienen crédito con comercios del sector real. Es la segunda categoría más grande del reporte, detrás solamente de las entidades vigiladas por la Superintendencia Financiera, y por encima, con enorme distancia, de cooperativas, microfinancieras y fintech juntas.
El comercio no tiene un core de negocio financiero. Financiar la nevera, el celular o los muebles no es su razón de ser; es una función que asume porque alguien tiene que asumirla, y porque el vacío que deja el sistema financiero formal en la clase media y popular colombiana no se llena solo. Lo hace sin vender la narrativa de la inclusión financiera, sin levantar rondas de capital para explicarlo, sin premio a la innovación del año. Simplemente factura, financia y sigue. Es, en la comparación exacta que este ejercicio invita a hacer, el sector menos ruidoso del reporte y, al mismo tiempo, el más efectivo en volumen real de personas atendidas.
El sector solidario: la delegación más numerosa de cada congreso, la fila más corta del reporte
Y ya que estamos comparando ruido contra sustancia, hay que decirlo con la misma franqueza: el sector solidario colombiano —cooperativas de ahorro y crédito, fondos de empleados, asociaciones mutuales— se presenta ante el país con cifras genuinamente grandes. Aporta cerca del 4 % del PIB nacional, por encima de lo que aporta el café, y agrupa entre 6 y 7 millones de asociados, con un impacto directo o indirecto que se estima en más de 20 millones de colombianos. Son cifras reales y merecen reconocerse.
Pero cuando el RIF 2025 mide específicamente cuántos adultos tienen un crédito vigente con cooperativas de ahorro y crédito vigiladas por la Superintendencia de la Economía Solidaria, la cifra es 894 mil. Menos del 5 % de los 20,274 millones de adultos con crédito formal en el país, y apenas 1,6 veces el tamaño de la fintech que este mismo capítulo acaba de señalar como decepcionante. El sector que más presume de cercanía con el asociado, de conocimiento profundo de sus necesidades, de bandera social e inclusión desde las bases —el que envía la delegación más numerosa a cada congreso en Cartagena, el que no falta a ninguna misión de relacionamiento en Silicon Valley— es también el que menos huella deja cuando se trata de la métrica más honesta de todas: cuánta gente tiene, hoy, un crédito activo gracias a él.
La disonancia no está en los números del sector solidario en su conjunto —esos son reales y son grandes—. Está en la distancia entre el discurso de cercanía y bandera social que se repite en cada evento gremial, y la traducción de esa cercanía en un producto de crédito que efectivamente llegue a más colombianos. Se puede tener 7 millones de asociados y una convicción de que la cercanía con la base es el activo diferencial del sector solidario, y aun así explicar por qué, del universo total de adultos con crédito formal en el país, las cooperativas alcanzan a menos de uno de cada veinte.
Ninguno de los tres actores tiene que dejar de creer en su propia narrativa. Pero el RIF 2025 ofrece, sin proponérselo, el ejercicio de contraste más honesto del año: el sector que menos se pavonea —el comercio— es el que más gente atiende. El sector que más presume de transformación —la fintech de crédito— apenas roza el 3 % del total. Y el sector que más viaja a hablar de cercanía y bandera social —el solidario— es el que, medido en crédito vigente, llega a menos gente que casi cualquier otro. La próxima vez que alguien suba a un escenario a hablar de cuántas vidas está cambiando su modelo de negocio, quizás la pregunta correcta sea simplemente: ¿cuántos son 548 mil, o 894 mil, comparados con los 20,274 millones de adultos que este país necesita bancarizar de verdad?
Seis años para volver al mismo lugar: lo que el RIF 2025 llama "recuperación" del crédito formal.
Veinte millones de adultos, y la mitad del cuento en la letra pequeña
El titular es generoso: 20,3 millones de adultos colombianos —51,6 % de la población adulta— tuvieron en 2025 al menos un producto de crédito o financiación con el sector formal. Pero antes de aplaudir, vale la pena mirar de dónde viene esa cifra, porque no todo "acceso al crédito" es igual.
Solo 15,3 millones de esos adultos —38,9 %— accedieron a financiamiento a través de entidades del sector formal financiero: bancos, cooperativas, microfinancieras vigiladas o no, fintech. Los otros 10,9 millones —el 28 %— tienen su único vínculo crediticio con comercios del sector real (20,9 %) o con financiación de equipos de telecomunicaciones (7,8 %). Es decir: casi tres de cada diez colombianos "incluidos" en las estadísticas de crédito lo están porque financiaron un celular o una nevera a través del almacén, no porque el sistema financiero los haya evaluado, bancarizado o construido un historial crediticio robusto. Sumar ambos universos en una sola cifra de "acceso al crédito formal" es contablemente correcto y analíticamente fantastico : no es lo mismo un crédito de consumo bancario que una cuota de electrodoméstico financiada por Alkosto o por Confecciones Corralito, a quien le tocó desarollar su propia línea de crédito por que sus clientes no clasificaban para un credito formal.
La palabra "recuperación" hace un trabajo que los números no respaldan
Aquí está el corazón del capítulo, y el punto donde el reporte oficial y la realidad se distancian más. Para las entidades financieras formales vigiladas (Grupo ABC), el porcentaje de adultos con al menos un crédito llegó a 36,6 % en 2025 —un aumento de 1,5 pp frente a 2024—. El RIF lo llama, textualmente, una "recuperación de la inclusión crediticia formal después de las disminuciones observadas entre 2023 y 2024".
Es un uso generoso de la palabra recuperación. En 2019, ese mismo indicador ya estaba en 36,2 %. Seis años, una pandemia, una crisis de cartera, miles de millones de pesos en premios a la innovación financiera, cientos de rondas de fondeo a fintech de scoring alternativo, y el sistema colombiano terminó 2025 exactamente donde empezó la década: cuatro décimas por encima de 2019. Llamarle recuperación a un ciclo completo que termina en el punto de partida no es incorrecto en el sentido aritmético. Es incorrecto en el sentido que importa: sugiere una trayectoria ascendente donde en realidad hay un círculo cerrado. El sistema no avanzó seis años; los retrocedió y los volvió a caminar.
Y aquí la comparación se vuelve todavía más incómoda si se le agrega la variable que el reporte omite: el ecosistema financiero de 2019 no tiene nada que ver con el de 2025. Hace seis años no existían el open finance, ni el nivel actual de billeteras digitales, ni el volumen de datos alternativos que hoy alimenta a decenas de motores de scoring. Si con toda esa tecnología —más canales, más datos, más velocidad de originación— el país apenas logra igualar el nivel de inclusión crediticia de la era pre-digital, la pregunta no es si hubo recuperación. La pregunta es qué está impidiendo que toda esa inversión tecnológica se traduzca, finalmente, en más colombianos con crédito formal del que tenían antes de que existiera la tecnología que se supone iba a resolver justamente eso.
Profundice más en este informe en nuestro articulo: https://cicloderiesgo.com/colombia/seis-anos-para-volver-al-mismo-lugar-...








