REVOLUT, CON TODA PARA DESBANCAR EN COLOMBIA

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REVOLUT: EL EQUIPO COMO VENTAJA COMPETITIVA

La verdadera apuesta detrás de la llegada de la fintech europea a Colombia no está solamente en la tecnología, los productos o la escala. Está en la capacidad de construir una organización que convierta talento, cultura y disciplina de ejecución en resultados.

La noticia ya la conocemos: Revolut obtuvo la licencia para operar como banco en Colombia, completando el último paso regulatorio antes de iniciar operaciones. La compañía, que supera los 80 millones de clientes a nivel global, anunció una inversión adicional de US$62 millones en el país y llega con una ambición explícita: convertirse en uno de los principales jugadores del mercado colombiano en los próximos cinco años. Cerca de 250.000 colombianos ya hacen parte de su lista de espera. 

También sabemos qué ofrecerá: cuentas de depósito y ahorro, tarjetas, crédito, servicios para pagos y transferencias internacionales, productos para quienes tienen exposición a monedas extranjeras y una propuesta construida alrededor de una experiencia financiera completamente digital.

Todo eso es importante.  Pero no es lo más interesante.

Para un mercado financiero que ya ha visto llegar a Nequi, Nu, Lulo, RappiPay, Daviplata, la Fintech Mexicana Plata Pay  y otros jugadores digitales, Revolut no aterriza en un territorio virgen. Llega a un ecosistema que ya aprendió a utilizar servicios financieros desde el teléfono, que compara experiencias digitales y que tiene expectativas mucho más altas sobre velocidad, simplicidad y precio.

Por eso, la pregunta relevante no es qué tecnología trae Revolut.   Es qué tipo de organización está construyendo para competir con ella.

Y ahí aparece una historia mucho más interesante.

 

EL VERDADERO “EQUIPAZO”

La verdadera ventaja competitiva no está en contratar talento excepcional, sino en construir un sistema capaz de convertirlo en resultados.

En la nueva economía financiera, la tecnología dejó de ser un diferenciador suficiente. Las aplicaciones pueden copiarse, los algoritmos evolucionan rápidamente y las funcionalidades que hoy parecen disruptivas mañana pueden convertirse en estándar.

Lo difícil de replicar es otra cosa: la capacidad de una organización para reunir talento excepcional, hacerlo trabajar bajo estándares extraordinarios y convertir esa combinación en velocidad, innovación y resultados.

Esa parece ser una de las apuestas más profundas detrás de la construcción de Revolut Colombia.

No se trata simplemente de conformar un equipazo: un grupo de personas brillantes, con excelentes hojas de vida y experiencia en grandes compañías. La lógica es diferente. Se trata de construir equipos: personas capaces de pensar, cuestionar, ejecutar, asumir responsabilidad y trabajar bajo una cultura donde la excelencia no sea una aspiración, sino una forma cotidiana de operar.

El talento no es suficiente. 

Uno de los principios que atraviesa esta filosofía es sencillo, pero exigente: contratar personas por su capacidad para resolver problemas, no únicamente por haber trabajado antes en el mismo sector.

La experiencia importa, pero no necesariamente garantiza capacidad de adaptación. En una compañía que aspira a escalar globalmente, enfrentarse a nuevos mercados y atender millones de clientes, resulta más valioso encontrar personas capaces de comprender problemas complejos, formular buenas preguntas, analizar información y encontrar soluciones.

Por eso el proceso de selección adquiere una importancia estratégica. No basta una entrevista ni la opinión de un solo interlocutor. Participan diferentes entrevistadores, con roles especializados, buscando reducir sesgos y observar distintas dimensiones del candidato.

La pregunta deja de ser solamente “¿dónde ha trabajado?” para convertirse en “¿cómo piensa?”, “¿cómo decide?”, “cómo resuelve?” y, sobre todo, “cómo actúa cuando las cosas no salen como esperaba?”

 

Pensar más profundo. 

En Revolut, el análisis no termina en identificar un problema. El reto es llegar a su causa.

De ahí surge una de las ideas más potentes de su cultura: Think Deeper. Antes de solucionar, hay que entender exactamente qué se está intentando resolver. Preguntar por qué. Volver a preguntar por qué. Descomponer el problema hasta encontrar la raíz.

Eso implica que incluso los líderes deben estar dispuestos a entrar en el detalle.

Un CEO puede hablar de estrategia, crecimiento o resultados, pero también debe ser capaz de mirar una pantalla de la aplicación, revisar un formulario y preguntarse por qué una determinada experiencia funciona de una manera y no de otra.

La obsesión por el detalle no es microgestión cuando está orientada a comprender el producto y al cliente. Es una manera de evitar que las grandes decisiones estratégicas pierdan contacto con la realidad de quien finalmente utiliza el servicio.

La cultura se prueba cuando aparecen los “chicharrones”. 

Una cultura de alto desempeño también se revela en la manera como enfrenta los problemas.

Cada miércoles, el equipo se reúne para resolver aquellos asuntos que siguen abiertos, los problemas que alguien necesita destrabar, los llamados “chicharrones” que pueden quedarse dando vueltas en una organización si nadie asume realmente su propiedad.

La lógica es particularmente poderosa: los problemas no se administran; se resuelven.

Esto conecta con otro de sus principios: Get It Done. La ejecución no puede quedar subordinada a interminables ciclos de análisis, reuniones o excusas. Pensar profundamente y ejecutar rápidamente no son comportamientos contradictorios. Son parte del mismo sistema.

Porque una organización puede tener la mejor estrategia del mercado, pero si no consigue convertirla en decisiones y decisiones en acciones, la estrategia carece de valor.

 

La responsabilidad no tiene dos apellidos. 

Hay otro elemento menos visible, pero determinante: la responsabilidad sobre el resultado.

En una cultura de alto desempeño, apropiarse del éxito es relativamente fácil. Lo difícil es asumir la responsabilidad cuando algo falla.

Por eso la excelencia exige ownership: hacerse cargo tanto de lo que funciona como de lo que no funciona.

Esta lógica cambia radicalmente las conversaciones internas. En lugar de buscar rápidamente quién tuvo la culpa, la pregunta es qué ocurrió, por qué ocurrió y qué debe cambiar para que no vuelva a suceder.

La organización aprende así de sus propios errores y convierte cada problema en información para mejorar el sistema.

 

El cliente como estándar. 

La obsesión por el cliente completa el círculo.

No basta con que un producto funcione. La experiencia debe ser sencilla, elegante y suficientemente buena como para producir ese momento de “wow”.

Aquí aparece otro de los principios: Deliver WOW.

La idea es particularmente relevante en servicios financieros, donde durante décadas muchas experiencias estuvieron construidas alrededor de la complejidad de las instituciones y no necesariamente alrededor de la simplicidad que espera el usuario.

La excelencia, entonces, también está en los detalles: en reducir una fricción, simplificar un proceso, eliminar un paso innecesario o conseguir que una experiencia financiera se sienta tan intuitiva como cualquier otra experiencia digital.

 

No son cinco valores. Es un sistema operativo

Never Settle. Dream Team. Think Deeper. Get It Done. Deliver WOW.

Podrían parecer simplemente cinco valores corporativos. Pero, observados en conjunto, describen algo mucho más interesante: un sistema operativo para trabajar.

Never Settle establece el estándar.
Dream Team define quiénes deben formar parte de él.
Think Deeper determina cómo se analizan los problemas.
Get It Done establece cómo se convierten las ideas en resultados.
Y Deliver WOW recuerda para quién se hace todo lo anterior: para el cliente.

 

Ahí está la diferencia entre tener talento y construir una organización de alto desempeño.

Porque un grupo de personas excepcionales no necesariamente produce resultados excepcionales. Lo que produce resultados extraordinarios es la combinación entre talento, cultura, método, estándares, información, velocidad y responsabilidad.

En la carrera por construir las nuevas plataformas financieras, esa puede terminar siendo una de las ventajas competitivas más difíciles de copiar.

No se trata de tener un equipazoSe trata de construir un equipo que funcione como un sistema.